sábado, 12 de julio de 2014

Ese punto azul pálido.


Hace un par de días, me llamó la atención una noticia astronómica: La Voyager1 había captado ondas provenientes del sol con lo que se confirma que aún sigue "palpitando" en el espacio.  Conocía vagamente algo de esta aventura espacial y era por el maravilloso relato de Carl Sagan "Pale blue dot" (Punto azul pálido) que nace de esta emblemática fotografía. Así que me motivé y me puse a investigar. Tras horas de lectura, videos, jeroglíficos y chocolate caliente, estoy de regreso al ciberespacio para compartir un poco de lo que aprendí: la historia detrás de esta espectacular imagen.
Antecedentes:
En la década de los 70, a pesar de los avances tecnológicos, las superficies y atmósfera de Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno, eran un alucinante misterio para el mundo astronómico. Pero una oportuna alineación planetaria que ocurre cada 175 años, ocurriría en 1977 y despertó el interés en un ambicioso proyecto. 
Así fue que se preparó la misión interestelar de las gemelas "Voyager" (Viajeras), dos naves idénticas, destinadas a hacer el viaje espacial más largo que haya realizado hasta la actualidad.

La expedición:
La primera en ser enviada al espacio, fue la Voyager2 el 20 de Agosto de 1977 y el 5 de Septiembre del mismo año se lanzó la Voyager1. La inversión en el orden del lanzamiento, tuvo una razón: El recorrido de la Voyager1 era más rápido que el de su hermana por lo que llegaría primero a sus destinos.
La misión original contemplaba las expediciones a Júpiter (1979) y Saturno (1980-1981), pero dado el éxito de la transmisión de datos, la disposición de los planetas y el perfecto estado en que se encontraban las naves, se decidió alargar la travesía. La V1 abandonó Saturno y se dispuso a salir de la heliosfera. La V2 continuó hasta Urano (1986) y Neptuno (1990), planetas que por primera vez eran observados y estudiados. Luego continuó su viaje para salir también del sistema solar. 
Se estima que dentro de 70.000 años, podrían alcanzar contacto con otro sistema solar. 

El mensaje:
Había una posibilidad (la hay aún) de que la expedición fuera a ser eterna. O al menos las viajeras podrían vagabundear varias decenas de miles de años por el cosmos. Así, la idea de que "alguien" en un remoto futuro se encontrara con una de las sondas, no pareció tan descabellada y se pensó en grabar un mensaje terrestre para enviar con las Voyager. La NASA encargó la tarea al astrónomo y escritor Carl Sagán quien era parte del equipo V1.
La probabilidad de que una civilización extraterrestre encuentre el artefacto es minúscula, pero realmente mínima. Sin embargo existe y el equipo astronómico se tomó la tarea muy enserio. Este mensaje pretendía mostrar a seres de otro planeta nuestra diversidad de vida y cultura, nuestra historia y sobretodo cómo éramos en la actualidad de ese entonces. Se trabajó durante nueve meses en la recopilación de los datos que se iban a enviar.
En cada Voyager se incorporó en su estructura, un disco de cobre bañado en oro y titulado "Sound of Earth" (Sonidos de la Tierra) en el que se incluyeron 116 imágenes (entre ellas, fotos de personas, de ciudades, de animales y gráficos), 90 minutos de música de todos los tiempos (occidental, oriental y étnica), sonidos naturales y artificiales de la tierra, saludos en 59 lenguas humanas (y uno en cetáceo), un discurso del entonces presidente de la ONU y hasta las ondas cerebrales emitidas desde el pensamiento de una joven enamorada. En este mensaje no hay rastros de guerras, violencia, hambre o miseria. Es una gran sonrisa para una gran fotografía; la cara bonita del mundo.

Hoy:
En la actualidad van casi 37 años de fabuloso viaje. El proyecto superó las expectativas; la nave Voyager1 se encuentra fuera del sistema solar, desde el 25 de agosto del 2012, según informó la NASA un año después  y la Voyager2 seguiría sus pasos en un par de años si mantiene sus recursos energéticos. Se calcula que las Voyager podrán seguir en contacto con la Tierra hasta el año 2025, momento en que sus generadores de energía nuclear se agoten por completo. Después se perderán -para siempre- en el inmenso vacío interestelar. Ya no se obtendrán datos de la galaxia para ser analizados, ya no tendrán vida útil, al menos para los científicos, al menos en un futuro cercano. Pero los discos de oro puestos en las Voyager podrían durar intactos mil millones de años! por lo que deja abierta una pequeñísima ventana de que otros seres en algún lugar y momento muy remotos, sepan algo de nosotros. Aunque para cuando eso ocurra la tierra no exista y el hallazgo sólo sea un romanticismo humano que perduró en el espacio y el tiempo, literalmente.

Y bien, la foto:
El equipo a cargo de las imágenes de la Nasa se negó. Temían que al girar el equipo de grabación hacia el sol, este se dañara. Después que V1 concluyó su expedición saturnal (1981), Sagan promovió -sin certeza alguna de éxito- la idea de que el bicho volteara para tomar una serie de fotografías a la tierra antes de continuar su viaje hacia los confines del sistema solar y abandonarlo para siempre. Pese a la negativa de sus colegas, insistió varios años en la importancia de esta fotografía. Y lo consiguió. Sí, queridos terrícolas; ese borroso y pálido puntito que apenas se ve en la imagen, es la tierra fotografiada a más 6.000 millones de kilómetros: nuestro hogar.

Punto azul pálido / Carl Sagan - 1994.


Del disco de Oro:
La música. 
Las imágenes.

Datos curiosos:
  • Se propuso a The Beatles, participar en el disco de oro con la canción "Here comes the sun" lo cual tuvo aprobación unánime de la banda. Pero la compañía disquera, dueña de los derechos universales, pidió una exorbitante suma de dinero, por lo que finalmente se descartó.
  • Cuando en 1826, Beethoven compuso sus cuartetos para cuerda, Urano era el último planeta descubierto y era entonces el lugar más lejano imaginable por el hombre. En una de sus últimas obras escribió: ¿Qué pensarían de mi música si hubiera gente en Urano? Su música y partitura orbitó este planeta en 1986, 160 años después.
  • El disco dorado lleva acuñado el mensaje: "A todos los músicos del universo y de todos los tiempos".
  • La lista de saludos en distintos idiomas, comienza en lenguaje sumerio, una de las lenguas más antiguas y termina con el de un niño estadounidense de cinco años: "Un saludo de parte de los niños de la tierra".
  • Ann Druyan quien participó del proyecto (y estuvo a cargo de la recopilación musical) conoció en este periodo a Carl Sagan y entre los agitados preparativos de la misión Voyager, se enamoraron. Se casaron en 1981. De ella son las ondas cerebrales codificadas en el disco.

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